marzo 27, 2014

Quini.


Se acerca mi viaje, ¿recuerdas? Me esperan las montañas de nuevo, para subirme por allá en la cima de ellas y descansar de esta espantosa ciudad; he estado anhelándolo, desde hace varios meses, armar mi carpa y recostarme ahí un par de días como si todo anduviera bien, como si nada me faltase.


Pero tengo un problema ahora que lo pienso, a pesar de que empaqué ya todo, me falta aún algo, y me va a faltar; me estás faltando tú, me faltas, te necesito para ello; no sabes cuánto anhelo compartir esto contigo; sinceramente, desde que estás quiero incluirte en mis planes, porque tú les das un sentido diferente, me das sombra en el día y luz en la noche, tal como me gusta, me das aquello que necesito.


¿Y entonces, qué dices? Estoy esperando que digas que sí, realmente espero un 'sí' como respuesta, porque de lo contrario será un viaje ausente, será un viaje que tendrá un vacío todo el tiempo, porque no tendré tus labios, para besarlos mientras caminamos por el bosque; ni tus abrazos cuando la noche llegue y tenga frío. Quiero que lo consideres de nuevo, después de todo, estamos juntos en esto, ¿no? Después de todo es a ti a quien quiero arropar esa noche, en esa montaña, con esa cobija nuestra, ¿recuerdas? Eres tú con quien me quiero tomar un Milo en la noche y en la mañana: preparártelo y llevarlo a tus brazos; abrazarte por detrás en la oscuridad mientras lo tomas, y en la mañana mientras estés acurrucada mirando a través de la carpa, colocarte la cobija encima y mirarte mientras el sol recién amanecido se refleja en tus ojos y tu cabello. 


Imagina: despertar, caminar, soñar (como tanto te gusta), dormir, vivir, leer. Caminar hasta la otra punta de la montaña, detenernos ahí, sentirnos en el aire, sentirnos juntos en la cima, sentir que no hay nada más, que hemos llegado, que estamos juntos ahora, flotando entre las nubes; luego sentarnos a respirar por un rato diferente; volver a descender, encontrarnos entre la naturaleza que nos roza los tobillos, que nos hace cosquillas mientras caminamos; que nos roza las manos que tenemos entrelazadas. Llegamos de nuevo a ese bosque con árboles gigantes, con su silencio tranquilizador, encendemos con esfuerzo una fogata, y nos sentamos ahí, tú entre mis piernas, al frente del fuego, sintiendo el calor de la naturaleza, quemando malvaviscos, viviendo bajo el encanto de un lugar absolutamente perfecto. Sentarnos luego a reír, cuando el sol esté descendiendo, a darnos besos cortados por miradas silenciosas, miradas que hablan. Y cuando la noche está llegando, sentarnos con la cámara a tomar fotos, esas fotos lentas que capturan luz, presionar el botón, besarte mientras obtura, y luego verla juntos, querer repetirla mil veces sólo con la excusa de darnos un beso. 


Es bastante el riesgo de no querer volver, por lo menos para mí, porque tendría ya todo arreglado, tendríamos ya todo solucionado, o podríamos solucionarlo. Podríamos llevar también tu guitarra, y que tocaras para mí, sé que lo harás bien, y sé que podrás mejorar, con cada noche allí; prometo también intentar acompañarte, intentar cantar nuestro sentir, juntar tus manos con mi voz, tus acordes con mis letras, sé que lo lograremos y nos gustará. 


Por si no te has dado cuenta, eres la imagen perfecta de mis deseos, eres tú, la que vive en mí cuando me brillan los ojos, eres tú la que sonríe por mí; culpable sí eres, de cada sensación que causas, de cada hueco que llenas. Eres la causante de esa vida que ahora quiero vivir, de ese querer que no quiero dejar de sentir.


¿No son suficientes razones aún? Para mí lo son, porque de verdad lo deseo, deseo compartir otra noche contigo, fuera de las que ya hemos compartido, quiero que me veas más desnudo de lo que ya me has visto, quiero que confíes cuando escuches el viento atravesar las hojas de los árboles debajo de los cuales dormiremos, quiero que te sientas tranquila, que me mires a los ojos, me beses y me abraces, y claro, principalmente que al hacerlo quieras quedarte, quedarte otro tiempo más, porque para mí no ha sido suficiente, porque para mí falta; porque me debes muchas noches, muchas noches en las que no has estado, muchos besos que no me has dado, muchos recuerdos que aun no me has creado. Nos debemos aun muchas cosas, por eso, quiero hacerte esta invitación, a que vivas conmigo en la naturaleza, a que soñemos juntos en un silencio profundo, a que nos hagamos una vez más el amor, esta vez, antes de dormir, cuando tengamos miedo de la oscuridad. 


Así que, ¿qué dices?


No hay comentarios.:

Publicar un comentario