Mirando un punto fijo por la ventana que se encontraba en el baño, aparecía yo, sumergido en la tina, con el agua helada y la ropa puesta; fumando un cigarrillo tras otro mientras el punto fijo al que observaba me iba trayendo ideas a la mente. Ideas de mi futuro, de mi dolor latente que me estaba despedazando de a pocos, que me había estado acribillando. Acurrucado en la tina, con los brazos sobre las rodillas, mis manos yendo y viniendo a mi boca con el cigarrillo, que acababa de encender de nuevo, uno tras otro pasaban como mi única meta trazada para el ahora, mi única esperanza reducida a un cilindro tóxico que llevaba fumándome las últimas dos horas.
¿Qué puedo decir? Soy un alma tambaleante, un cuerpo débil y un espíritu entregado, los cuales estaban ya desgastados, ya doloridos de tanto, de tan poco; pero lo peor del asunto, era que no hacía nada por cambiarlo, simplemente me sumergía cada vez más en la tina de ese baño con la puerta cerrada con llave, con un revolver a mi izquierda, una solución a mi izquierda; desazón a la derecha y todo un torbellino de sentimientos y emociones no correspondidas encerradas en el centro, en mí, en lo más profundo de mi cuerpo, de mi alma, de mi sórdida existencia.
Estoy ya desesperado, mis intentos por salir han sido hasta ahora inservibles, y para sorpresa mía, ahora, fuera de afectar mis pensamientos afectan mi cuerpo, mis músculos, mis huesos, las expresiones de mi rostro, ya agotado, sin ganas, absolutamente melancólico y triste. ¿En qué me he convertido? ¿Hasta dónde he llegado? Miles de preguntas surgen después de haberme visto autodestruirme, de irme dejando morir cada día sin evitarlo, sin impedirlo, dispuesto pues a más, a más dolor, porque al fin de cuentas la felicidad ya no contaba, la comodidad ya no era real, sólo quedó pues un puro e interminable dolor que me trajo ahora a este baño, a esta tina, con este revolver y estos cigarrillos dispuesto ya, por fin, a renunciar.
Mirando un punto fijo por la ventana que se encontraba en el baño, aparecía yo, sumergido en la tina, con el agua helada y la ropa puesta; fumando un cigarrillo tras otro mientras el punto fijo al que observaba me iba trayendo ideas a la mente. Ideas de mi futuro, de mi dolor latente que me estaba despedazando de a pocos, que me había estado acribillando. Acurrucado en la tina, con los brazos sobre las rodillas, mis manos yendo y viniendo a mi boca con el cigarrillo, que acababa de encender de nuevo, uno tras otro pasaban como mi única meta trazada para el ahora, mi única esperanza reducida a un cilindro tóxico que llevaba fumándome las últimas dos horas.
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