Lo aquí escrito no es más que ficción. Cuentos inventados de vivencias inexistentes utilizadas para sobrevivir.
abril 23, 2014
abril 16, 2014
Brillas.
Sonríe, para mí, una vez más. Cada sonrisa significaba una esperanza más, era como un apretón de manos felicitándome o un abrazo de orgullo; cada vez que la veía sonreír era como imaginarme a salvo, de ahora en adelante; era la puesta de sol perfecta en la playa perfecta.
abril 09, 2014
Amaneciendo.
La mañana está soleada, parece ser un día hermoso, pero sólo parece, porque yo me encuentro triste. Tengo un nudo entre la garganta que se me enreda al pasar saliva, me incomoda, ¿y ahora por qué será? Tengo una maña, una costumbre de andar incompleto, de andar triste.
Esa tristeza de ahora es la misma de antes, la de siempre, todavía tiene el mismo nombre y apellido; y lo peor, todavía me duele. Me duele como un pinchazo de una aguja en el centro del alma, un pequeño agujero que nunca sana, que pica, que arde; el día a día de ese sinsabor que tengo de ella.
Me duele principalmente su indiferencia, su moralidad, donde me exige pero no me da. ¡Ah vaina! Ya no sé cómo lidiarlo, es una situación pasajera, un dolor que desaparece cuando ella aparece; pero, ¿y si ella se va? Ahí ya no sería un dolor pasajero, ahí es donde más me aflijo, en la pensadera de cómo lidiarlo... Ya agoté mis escapes, en personas, en bebidas, en sustancias, en todo me refugié ya; ya no sé ahora para dónde voy o dónde me quedo.
Supongo que habré encontrado estas letras, que de una u otra forma han sido una compañía, que no me besan o que no me abrazan; pero han estado ahí, escuchándome. Así que me limito a esto, a escribir para mí, porque no es para nadie; a escribirme, a dedicarme párrafos enteros, frases y puntos.
abril 02, 2014
He decidido olvidarte, irrevocablemente he tomado la decisión de arrancarte, de romper tus fotos de una buena vez, de exprimir el recuerdo de tu piel, de lavarme tu olor, de cepillarme tus besos; has sido mala, he sido malo, hemos sido dañinos el uno para el otro, hemos causado tristezas infinitas, a lo largo de nuestro tiempo juntos, como ahora, cuando no sé tú, pero yo tengo el alma destrozada, rota, no en dos partes, ni en tres, sino en cuatro, en cuatro pedazos tengo el alma, y a punto de romperse en más.
Empezaré a olvidarte, a desterrarnos, a borrarnos, a olvidarte por partes; primero tu presencia, olvidaré tu estatura promedio, tu forma de vestir, tu compañía, tu silueta cuando el sol entraba por la ventana; después tus manos, con las que me dabas confianza, con las que andábamos por la calle, con las que me acariciabas cuando despertábamos, cuando me mirabas a los ojos y me decías tanto, cuando me transmitías la paz que jamás encontraré; luego tu cuerpo, tu sexo, tus senos, tu cadera, todo tu cuerpo, ese que hice mío una vez, ese del que todavía me siento dueño, del que no me olvidaré, el que no quiero reemplazar, porque no recuerdo si te lo dije, pero amaba cada detalle de ti, la forma de cada uno de los lugares ubicados en ti, te juro, los amaba, estaba enamorado de ellos, estaba complacido de tenerlos a mi lado; luego mezclaré tus labios y tus palabras, tus labios en forma de corazón y tu dulce razón, tu dulce esencia, tus dulces palabras, las tengo grabadas en mí, en mi cabeza, escucho tus besos en las noches, los escucho como si fueran reales, como si sucedieran, como si fueran a volver, te escucho llegar, te escucho volver.
Son tantas pero tantas las cosas que tengo que borrar, que olvidar, que matar para poder seguir, tantas son las huellas que existen, que algunas son imposibles de deshacer, tengo mi cuerpo lleno de cicatrices tuyas, tengo orificios en la piel donde estás tú metida, tengo marcas en los brazos, marcas imborrables que me han de perseguir toda la vida. Porque esto, lo que fuimos nosotros, lo que para mí somos, lo que vivimos juntos me dejó demasiado, y ahora me he vuelto exigente y desearía más, aún te puedo cargar más tiempo, porque mientras te cargaba, mientras soportaba nuestro nosotros, estaba caminando firme, estaba apoyado en ti, estaba adentro del mundo que necesitaba, el mundo que conocí por ti, ese mundo que me había salvado.
Aún recuerdo nuestras tardes, nuestros planes, nuestros sueños, aún los vivo en mi cabeza, como un vídeo que se repite una y otra vez, aún me recuerdo viviendo contigo, durmiendo juntos en la misma cama, viviendo por el otro, para el otro. Recuerdo aún las promesas que nunca me gustaron hacer pero con las cuales me comprometí y ahora me persiguen, los cambios y giros que tuvo mi vida sin pedirlos, sin quererlos, aún recuerdo la esperanza que me dabas cuando nunca la tuve.
Había hecho un lazo contigo, nos habíamos atado, te había imposibilitado de poder vivir una vida de decisiones arbitrarias, me había imposibilitado a mí también, pero no me importaba en absoluto, no quería decisiones arbitrarias, individuales, quería ahora decisiones compartidas, que incluyeran eso que denominamos futuro, esos planes que yo nunca tuve pero que ahora mantenía presente contigo, esas fechas vacías en los días del año, que fueron vacías hasta que lograron significar algo, significarlo sinceramente; esperarlas, anhelarlas.
Soy un hombre inestable, soy un ser absolutamente triste, absolutamente llevadero, me faltan metas, grandes proyectos por los que luchar, grandes ganas por vivir, por respirar, por sonreír: Grandes huecos y ideales hay en mi vida que me cohiben a ser feliz, caso contrario como eres tú, caso contrario a mi tiempo contigo, porque me transmitías eso, me mandabas grandes cantidades de ganas, de alegría, de razones para levantarme, para sonreír, para llevar conmigo tu recuerdo, en mis brazos, en un dije en mi cuello, en un lugar, en mis cobijas.
Qué contradicción tan grande es esto ahora, escribir la forma de olvidarte y terminar encontrando las mil y un razones para recordarte, para encontrarte, para no dejarte ir; porque no dejarte ir es exactamente lo que yo quisiera, ir detrás de ti, siguiendo tus pasos, apoyándote de lejos, de cerca, sintiéndonos como antes, como tan bien nos sentíamos, cuando sonreíamos, cuando nos besábamos, cuando te hacía cosquillas hasta que te enojaras; cuando te tumbaba, subía encima de ti y sin decir palabra alguna te decía todo, te miraba a los ojos, respiraba hasta el fondo, suspiraba, subía mi mano para acariciarte y seguía mirándote, luego, en el medio del huracán de emociones que era mi cuerpo, de adentro tomaba aire y pronunciaba la frase más sincera que he podido decirle a alguien, la más real que he podido decirte: “te amo…”, y luego te abrazaba.
No puedo escribir ahora un final, no le encuentro las letras, ni los puntos, ni el orden para escribir algo donde me despido de ti, ni siquiera le encuentro el sentido, porque en esta vaina del lenguaje, aquí tratando de continuar, de establecer de nuevo un orden a mi vida, un orden diferente, acá, en este texto, me he dado cuenta de lo que nunca me di cuenta, y es de lo bien que me sentía contigo, de lo complacido que realmente estaba contigo, realmente estaba en casa, contigo. No sé qué más pueda decir, al fin y al cabo las cosas están como están, pero pues como te dije, o como te digo ahora, no quiero nada diferente a eso que tú me dabas, y que definitivamente eras tú la que me lo daba; así que estaré acá, en el mismo lugar donde tantos besos nos dimos, donde tantos abrazos nos llenaron. Estaré por aquí, por allá, acá, esperándote, estancado en nuestro recuerdo aguantando para volverlo a hacer realidad.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)