marzo 27, 2014

Bogotá



Bogotá, absurda ciudad, volver acá es volver a caer, instantáneamente recupero aquellos malos pensamientos, recuerdo cómo es que podía destruirme; y lo que es aún peor, llegó acá, a sentarme donde siempre me sentaba, a mirar el cielo que siempre me acompañaba y a quejarme como siempre lo hacía; resulto poniendo de mi parte para destruirme, para pensar que sin un motivo fijo, sin un problema directo que me afecte realmente, sin siquiera tener una razón absolutamente válida para afectarme, aún sin eso, me afecto, y de qué manera. Es que simplemente, el problema radica en las ganas, definitivamente no hay ganas, no quedan; ¿ganas de qué? ¿De vivir en Bogotá, de cuidar a Salvatore, de estudiar? ¿Para qué? La única salida que creía tener era Isabel, pero ahora mi inestabilidad la iba alejando, sin que ella lo supiera, yo en mi cabeza estaba ya preparándome para cuando se fuera, qué predecible me creo ser. En fin, esta ciudad no me gusta, realmente la detesto, podrán pensar, podrán creer que mi vida en esta ciudad, en esta zona de Bogotá, en este apartamento, con ese papá, pensarán que es envidiable, pero no, y no soy desagradecido, de verdad, esto no es más que basura, literal y profunda basura.



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