abril 09, 2014

Amaneciendo.


La mañana está soleada, parece ser un día hermoso, pero sólo parece, porque yo me encuentro triste. Tengo un nudo entre la garganta que se me enreda al pasar saliva, me incomoda, ¿y ahora por qué será? Tengo una maña, una costumbre de andar incompleto, de andar triste.

Esa tristeza de ahora es la misma de antes, la de siempre, todavía tiene el mismo nombre y apellido; y lo peor, todavía me duele. Me duele como un pinchazo de una aguja en el centro del alma, un pequeño agujero que nunca sana, que pica, que arde; el día a día de ese sinsabor que tengo de ella.

Me duele principalmente su indiferencia, su moralidad, donde me exige pero no me da. ¡Ah vaina! Ya no sé cómo lidiarlo, es una situación pasajera, un dolor que desaparece cuando ella aparece; pero, ¿y si ella se va? Ahí ya no sería un dolor pasajero, ahí es donde más me aflijo, en la pensadera de cómo lidiarlo... Ya agoté mis escapes, en personas, en bebidas, en sustancias, en todo me refugié ya; ya no sé ahora para dónde voy o dónde me quedo.

Supongo que habré encontrado estas letras, que de una u otra forma han sido una compañía, que no me besan o que no me abrazan; pero han estado ahí, escuchándome. Así que me limito a esto, a escribir para mí, porque no es para nadie; a escribirme, a dedicarme párrafos enteros, frases y puntos.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario